“Brazil” es una película de 1985, dirigida por Terry Gilliam (director y actor, fue uno de los miembros del grupo ”Monty Python”). Es considerada una película de culto.

Protagonizada por Jonathan Price y Robert de Niro, entre otros, cobra actualidad por tratarse de una distopía que nos muestra una sociedad burocratizada en la que el poder actúa de forma cínica con la libertad y está obsesionado con la información, la seguridad y la tecnología.

Sam Lowry, el personaje protagonista, es un funcionario tecnócrata del departamento de información que encuentra a la mujer de sus sueños. Sueños de amor, libertad y naturaleza.

La trama se inicia como consecuencia de un fallo en la impresión de un documento que descarga una computadora, por la caída de una mosca. Un “bug” que desencadena un resultado nefasto para un ciudadano y su familia y una deseada coincidencia para Sam Lowri.

La pandemia que soportamos trae consigo un aluvión de opinadores, pronosticadores, vaticinadores, especuladores, … que sobre todo generan angustia.

Escuchamos comentarios, opiniones, reflexiones (las menos), diatribas tertulianas, especulaciones, … ¡Incertidumbre!

Las empresas de auditoría ya trabajan su nicho de “protocolos frente a la pandemia” y sus procesos regularizadores de regularizaciones en organizaciones de todo tipo, y a ser posible, telemáticamente.

En el campo de la educación, los educadores terminan un curso de una forma para la que no estaban preparados (casi nadie estaba preparado), buscando una solución telemática, en ocasiones radical, que, salvo excepciones, genera angustia en los alumnos (muchos, están
tristes), y en los padres y en los propios profesores (que, también muchos, están tristes). Amén de la disparidad en el nivel de recursos tecnológicos de las familias.

En el ámbito de la salud, los profesionales se han vaciado en una tarea para la que las organizaciones sanitarias no estaban organizadas, ni preparadas. Y las organizaciones sociosanitarias, especialmente las residencias, en algunos casos han servido de chivo expiatorio, casi siempre, de forma cruel.
Muchas empresas privadas han necesitado y necesitan de importantes ayudas del Estado (que somos todos). Y el Estado necesita de las empresas privadas para que el país se recupere y crezca.

Las organizaciones científicas (la ciencia) crece a través del ensayo y el error. Se vive con cierta normalidad que los científicos tengan sus diferencias y necesiten tiempo. Y la ciencia también padece, en ocasiones, de falta de organización y de dificultades relacionales; de envidias, recelos, prepotencia, carencia de recursos, …

Debemos confrontar la realidad, asumir la vulnerabilidad del ser humano, darnos cuenta de que somos interdependientes, nos necesitamos unos a otros; de que esta crisis (cambio) es una oportunidad para mejorar, para crecer, pero que de momento tiene un alto coste, nos va a hacer sufrir y a empobrecer.

Consintámonos el error como principio de aprendizaje; la desorganización por lo imprevisto; la falta de pericia ante lo desconocido; el miedo, la tristeza o enfado producidos porque las cosas no suceden como deseamos. Si nos consentimos, nos daremos tranquilidad para reflexionar, razonar y actuar, para comprendernos y mejorar; para sentirnos mejor.

La tecnología y la información ayudan a la recuperación y también puede usarse para reducir nuestra libertad, en todos los sentidos. Somos seres sociales y necesitamos libertad para vernos, recluirnos, mirarnos, tocarnos, relacionarnos como queramos, compartir espacios públicos, disfrutar de la naturaleza, discutir, amar, soñar, …

Debemos preservar la intimidad y el respeto, el derecho y la obligación al trato digno de todo ser humano, por principio y porque las experiencias vitales de cada uno de nosotros son distintas, porque no elegimos dónde nacemos ni quién nos cría.

Debemos reconocernos imperfectos, libres, deseosos; y organizarnos, actuar, desde la tranquilidad y la reflexión.


Alejarnos de la alienación, de la distopía que nos muestra “Brazil”.

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